Por obtener tranquilidad y el bienestar material, nos cerramos y endurecemos, se nos marchita el corazón, aprendemos a montarnos tras duras corazas para evitar sufrir, rutinizamos nuestra vida en trabajos alienantes que no nos dejan nada trascendente más que algo de dinero, entablamos relaciones interpersonales regidas por un criterio mercantilista y esto es con mucha suerte si tienes las necesidades primarias de la pirámide satisfechas (salud y trabajo).
Y es divertido y triste a la vez agonizar en los mejores sueños que he tenido.
Pero me niego en este aspecto a la sumisión.
No deseo un mundo loco desdichado hay que ampliarlo.
Tal vez sea una mocosa caprichosa como tantas veces me decían, pero es que aceptar esta resignación es un lento suicidio. No quiero vivir con corazas será mejor que mi fachada tenga aspecto de majareta.
Estoy completamente sano y al mismo tiempo seria o considerablemente enfermo.
A quien se adentra en la rareza, lo cogen y se lo llevan con manos decididas, lo alejan, y nunca más lo sueltan.
Quizá mi enfermedad, si así se puede llamar a mi estado, consista en tener demasiados deseos.
Que se represente en una casa seria una especie de tragedia humana, parece no interesarle a nadie, y así nadie parece prestar atención a la destrucción de toda forma y modo elegante o rara de un alma.
Estar verdaderamente sano reposa en darse la bienvenida a si mismo.
( Robert Walser)
2 comentarios:
Me atrevo, no sé sí tú también.
Gracias por tu comentario.
Ahora no sé si estaré desperdiciando el resto de mi vida "esperando"; pero, antes no "esperaba" y te aseguro que la desperdicié bastante. Ahora prefiero jugar con la utopía o los sueños, que mantenerme al margen cómodo de una vida insípida e incompleta.
O como tu dices no quiero "aceptar esa resignación a un lento suicidio", prefiero esa "fachada con aspecto de majareta".
Besos.
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